Genio como pocos, loco como ninguno

Pasando por la nobleza de la mezcla entre el agua y color, pureza y transparencia espumosa ligada al entorno figurativo de la cromática, bajo los trazos ortodoxos del espíritu de líneas armonizando bocetos plasmados en el tiempo.

En lo profundo de las angostas, longitudinales y pictóricas calles del Quito colonial; yace en un rincón seleccionado con una perspectiva artística de detalles minuciosos y definidamente calificados de irrelevantes por la crítica de la época, literalmente enmarcada por el Quito antiguo que empezaba a abril sus ojos al mundo entero… construyendo madrugada tras madrugada su propio paisaje: el agua, el aire, la tierra y el fuego; cambiante desde luego de acuerdo a la geografía que le tocó vivir: toda esa geografía, a veces se reduce a una sola pincelada del MAESTRO CÉSAR TACCO.

Aprendió a construir riqueza inmaterial desde sus primeros años de vida, a medida que transcurría el diario trajín sus manos sentían en carne propia el significado de una jornada laboral extenuante la cual lo motivaba a desarrollar instintos de superación, sintió apego e identificación a la enseñanza; razón por la cual toma la decisión de encaminarse hacia la docencia, ingresa en el Colegio Normal Carlos Zambrano de Uyumbicho – Amaguaña. Logra desempeñarse como uno de los mejores egresado de su promoción y apegado a las necesidades de la época identifica una oportunidad de abrirse campo en la rama técnica de la arquitectura. Empero, la inflexión del estilismo académico no concordaba con su temperamento. Romper las reglas, salir de lo tradicional imponiendo su propio estilo lo impulsaría a desligarse paulatinamente a una norma establecida; la naturaleza le acompañaba, palpaba sus más fervientes instintos de plasmarla e inmortalizarla a través del tiempo, ya que no tenía acceso a una cámara fotográfica. Sin embargo, aparte de no captar una perspectiva viva, carecería de alma y espíritu como la de una obra de arte. Esto le obligaría a trasladarse en las madrugadas a la ciudad capital para recibir clases en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Central, a partir de aquí labró el camino hacia la senda artística reflejada desde el génesis en cada obra que sus manos crearon.

Su vocación de educador le permitió impartir profesionalmente conocimientos en el Centro de Promoción Artística. Al inicio consolidaba las ideas basándose en estudios realizados por los grandes genios de la pintura de linaje mundial. Lograba percibir los detalles críticos de cada obra analizada por su sentido visual, capaz de ser retroalimentados a sus alumnos sin ningún tipo de egoísmos, por ello fue tan apreciado y recordado.

Sus creencias religiosas estaban desestimadas, el camino a seguir estaba encuadrado en adoptar una forma de vida que abarque elementos prácticos de la naturaleza semejantes a la Orden Rosa-Cruz. La recompensa irradia Vida – Sabiduría – Liberar – Amor y Muerte, enfocado hacia la naturaleza espiritual logra una paz profunda consigo mismo y a todas las personas a su alrededor, produciendo una repercusión positiva.

En el Taller de Arte que lleva su propio nombre el maestro impartía enseñanza a un selecto grupo de estudiantes, la mayoría eran señoras, que encontraban a un ser totalmente entregado a su labor artística, en la cual privaba una familiaridad muy noble. Es así como algunos de sus estudiantes que más destacaban en la Galería fueron: Acacia Camacho, Alexandra Moshenek, Fanny Moscoso, Karen Mcccurtain-Blair, Gloria Gangotena, Fernando Santos, Patricio Mejía entre otros; que se convirtieron en maestros de la pintura de su época y posteriores. El maestro, recibió el reconocimiento a la delicada tarea de formar nuevas generaciones de artistas, por parte de una cúpula de intelectuales en la rama, nombrándolo el mejor acuarelista de la década de los setenta.

Al final, el maestro compartió los momentos de su ocaso pictórico a dos jóvenes con alto espíritu de camaradería, los cuales lo escoltaban a la postre de su gnosis añeja. Un hombre que nos enseñó la vitalidad que brinda el arte poniendo de relieve su sabiduría sobre todo el amor a su vida de maestro. Nosotros no lo vimos liar los bártulos de la perpetuidad, siempre seguirá madrugando cada mañana en aquel rincón perfecto cuya perspectiva de luz no difumine lo cotidiano, pero también transformando lo imperfecto, el paisaje tosco, la naturaleza desnuda con su gente y expresiones, una cuidada que él veía como nadie.

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Author: Andres

I am a consultant, teacher, and recruiter currently living in Quito, Ecuador. My interests range from music to arts. I am also interested in sports, painting, and reading. (Quito, 1984) Ingeniero Comercial (Escuela Superior Politénica del Ejército). Master Universitario en Políticas Públicas y Sociales (Universitat Pompeu Fabra en colaboración con Johns Hopkins University). Profesor invitado en el Instituto de Postgrado y Educación Continua de la Escuela Superior Politécnica del Chimborazo (IPEC-ESPOCH). Intereses de investigación: Public Management, Planificación Estratégica (BSC), Prospectiva, Políticas Públicas y Sociales (Think Tanks), Seguridad Integral y Ciudadana, Educación Superior, Startups.

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